
FICHA ARTÍSTICA
Adaptación | MEp a partir de “La noche justo antes de los bosques” de Bernard-Marie Koltès
Dirección/dramaturgia | Moreno Bernardi
Intérpretes | David Menéndez y Guillem Gefaell
Traducción | David Menéndez y Guillem Gefaell
Espacio | Jordi Soler
Vestuario | Josep Abril
Ayudante de dirección | Mònica Hernández
Fotografía | Sudeep Dwivedi
Video | Bori Mo
Producción | Teatre Akadèmia
Colaboración | Lo Spazio y Moreno Ensemble project
SINOPSIS
Moreno Bernardi desdobla el texto de Koltès multiplicando los puntos de vista de las inquietudes del personaje: dos desconocidos que se buscan y sólo, a veces, logran un contacto que les calme y les alimente la necesidad de hablar, de desnudarse y, por fin, encontrar un sitio donde ser, donde amar, donde vivir. Ahí donde estos hombres cuentan las dificultades de encajar en un mundo controlado por el poder, escondiéndose siempre en la sombra que les hace sentir extranjeros y tremendamente solos. El público (testigo accidental) decide aquello que ve, aquello que se lleva, aquello que quiere oír de estos dos desconocidos: como dos sombras corren por una última y única noche de su vida al borde de la extenuación, buscando un hombro en el que detenerse a descansar.
El texto ‘La noche justo antes de los bosques’ del Bernard-Marie Koltès más joven (1976), es una de sus obras más representadas debido a la libertad con la que el lector la puede leer: de panfleto político a poema callejero, de la violencia a la búsqueda real del amor.
Y en 2020 cumple 43 años sin haber perdido un ápice de actualidad.
NOTAS DEL DIRECTOR
“En La Nit, el personaje es movimiento + voz + iluminación; es ritmo de las inquietudes del alma que no encuentra puntos de apoyo ni de descanso; es la mente que dialoga a través del eco de las palabras que invaden el grito desesperado de quien desea, aunque sea por una noche, no estar solo, y pide que ‘nos paremos por un momento’. También es gesto-espacio-tiempo; es la nube cinética de quien no puede huir por mucho que lo intente. Hay esquinas que impiden la defensa, pero si respira justo cuando está contra una pared, puede que el canto, o una antigua nana, desaten el nudo de las imposibilidades, para que el simple resto de una pared sea muro de una petición al límite de una plegaria de un ser a otros seres, de un ser a sus otros seres, sin dioses. Se eleva la divinidad que hay en él, el gesto que muestra y desata es expresión de un deseo que se ha quedado sin habla.”
“El sonido de las letras cae en el espacio como gotas de una lluvia que aumenta y disminuye a lo largo de la noche, y las palabras van influenciándose en un único discurso. Son voces que, en un principio, son sonidos, un tentativo de hablar, un largo tentativo que solo con mucho esfuerzo se trasforma en habla: palabra, texto, dia-logo. Los dos, solos y abandonados, ven y perciben enemigos y peligros en todas partes y, como si estuvieran aún en su placenta, cumplen el esfuerzo (o el deseo nunca perdido) de volver a nacer. Cada uno percibe al otro por donde se mueve: le evita antes, le conoce después, y termina amándole. Es con él que se confiesa a sí mismo”
CÓMO LEER A KOLTÈS
“Koltès enmarca el texto entre comillas -como si el extenso parlamento fuera la cita de otro personaje, de otra enunciación, de otro discurso elididos-, anula la estructura gramatical de la oración (no hay mayúsculas de apertura -salvo una, la que abre el texto: “Tu tournais le coin de la rue lorsque…”- ni puntos de cierre) y desarrolla un continuum lingüístico que recuerda la notación de los monólogos interiores directos de la novelística contemporánea (por ejemplo, el capítulo XVIII de Ulysses de James Joyce), el “fluir de la conciencia”, el irrefrenable devenir de la palabra interna. El monólogo parece sí empezar, pero no terminar nunca. Emplea además una puntuación singular, en la que sobresale el uso irregular de guiones, con valor parentético o como indicadores de diálogo o voces citadas. La articulación del parlamento es eminentemente rítmica, musical, y parece estar regida por una gramática del habla -de la conversación- y del balbuceo, que a su vez responde a una matriz musical. La música de la respiración, de los titubeos del alma. Un decir entrecortado, vacilante, con fraseos incompletos, sometido a la pragmática de la seducción y la persuasión del otro, y al tanteo permanente para no traicionarse en zonas de clivaje. El protagonismo lo adquieren la melodía, la sonoridad, la estructura rítmica, que evidencian la teatralidad de este monólogo. No en vano la escritura de La noche… recuerda las notaciones características de la dramaturgia de actor, como si las marcas de notación estuvieran dadas por la respiración del actor, no del personaje o del texto poético en sí mismo.”
a partir de “Bernard-Marie Koltès: búsqueda y elaboración de una Poética” – por Jorge Dubatti